¿Sabes qué ejercicio genera mayor activación del suelo pélvico? Probablemente no es el que tienes en mente.
Si trabajas con pacientes deportistas que presentan pérdidas de orina o síntomas de incontinencia, este artículo te va a ayudar a diseñar tus programas de entrenamiento y rehabilitación.
Porque el problema no es solo la incontinencia. Es no tener una forma objetiva de valorar qué ocurre realmente en esa musculatura mientras tu paciente se mueve.
El problema que casi nadie tiene en cuenta cuando prescribe ejercicios para suelo pélvico
Muchas mujeres que practican deporte de impacto presentan disfunciones del suelo pélvico. Los datos son más contundentes de lo que parecen: hasta el 70% de las deportistas jóvenes pueden tener síntomas de incontinencia sin haber dado a luz.
Y sin embargo, en la mayoría de los casos, el programa de entrenamiento no cambia. No porque el profesional no quiera ajustarlo, sino porque no tiene datos objetivos sobre los que apoyar esa decisión.
Los tests clínicos habituales no siempre detectan qué está ocurriendo realmente. La evaluación subjetiva tiene límites claros. Y sin información objetiva sobre cómo se activa el suelo pélvico en cada ejercicio, las consecuencias son directas:
❌ Diseñas programas de entrenamiento sin base real sobre la capacidad de esa musculatura.
❌ Los tratamientos dependen de la percepción subjetiva del paciente, no de datos medibles.
❌ Tu paciente no mejora y tú no tienes forma de saber exactamente qué ajustar.
Aquí es donde la electromiografía de superficie te va a echar una mano.
Qué aporta la EMG en la valoración del suelo pélvico
Con la electromiografía puedes evaluar la activación real de los músculos intracavitarios del suelo pélvico en diferentes ejercicios y condiciones de movimiento.
No lo que debería estar ocurriendo según la teoría, sino lo que ocurre realmente en ese paciente concreto, en ese ejercicio concreto.
Eso te permite responder preguntas que de otro modo no tienen respuesta objetiva: ¿está trabajando realmente el suelo pélvico en esta posición? ¿La activación es suficiente para generar adaptaciones? ¿Está preparado para soportar el impacto que implica su deporte?
En un estudio en el que se utilizó el sistema mDurance para medir la actividad de los músculos intracavitarios del suelo pélvico en diferentes posiciones y ejercicios, los resultados mostraron diferencias muy claras entre condiciones. Y algunas de esas diferencias contradicen la intuición clínica más habitual.

Qué ejercicios activan más el suelo pélvico
La sentadilla: el ejercicio más eficaz

La sentadilla es la posición que mayor activación genera en el suelo pélvico, con un valor del 151,4% respecto a la contracción de referencia (esta contracción es la contracción máxima del suelo pélvico en decúbito supino).
Es decir, en sentadilla el suelo pélvico trabaja considerablemente más que en reposo o en posiciones estáticas simples.
Este dato tiene una implicación clínica directa: si tu objetivo es estimular y fortalecer el suelo pélvico, la sentadilla es una de las opciones más eficientes disponibles, siempre que la paciente pueda ejecutarla correctamente y la musculatura esté en condiciones de tolerar esa demanda.
Plancha y cuadrupedia: también por encima del umbral

Las planchas frontales y la posición en cuadrupedia mostraron niveles de activación muy similares entre sí y también por encima del valor de referencia:
- – Plancha frontal: 122%
- – Cuadrupedia: 121,6%
Ambas posiciones desafían la estabilidad del tronco y la pelvis de una manera que requiere una respuesta activa del suelo pélvico. Son opciones válidas para fases en las que la sentadilla todavía no es tolerable o cuando se busca un estímulo de menor intensidad.
Las opciones menos eficaces para trabajar la fuerza del suelo pélvico

En el extremo opuesto del ranking, los valores más bajos de activación correspondieron a:
- – Decúbito supino: 100% (valor de referencia base)
- – Bipedestación estática: 104%
- – Plancha lateral: 102,5%
Estos datos no significan que estas posiciones sean incorrectas o que deban eliminarse del programa. Significan que, si el objetivo específico es estimular la fuerza del suelo pélvico, estas opciones generan un estímulo considerablemente menor que la sentadilla o la plancha frontal.
Por qué la posición importa tanto
El patrón que emerge de estos datos tiene una explicación biomecánica clara: las posiciones que desafían la gravedad y la estabilidad pélvica generan mayor activación del suelo pélvico.
En sentadilla, la pelvis y el tronco trabajan en un rango de movimiento que exige una respuesta activa y coordinada de toda la musculatura del suelo pélvico para mantener la continencia y la estabilidad.
En decúbito supino, esa demanda prácticamente desaparece porque la gravedad ya no representa un desafío para esa musculatura.
Esta es exactamente la razón por la que muchas pacientes pueden activar el suelo pélvico correctamente en posición tumbada durante la exploración clínica, pero fallan cuando están de pie, corriendo o saltando.
Cómo usar esta información en tu práctica clínica
Conocer estos datos te permite tomar decisiones mucho más precisas en tres áreas concretas:
Personalizar el plan según el deporte y los síntomas. No es lo mismo una paciente que practica yoga que una que corre 40 kilómetros a la semana. Los ejercicios del programa deben replicar las demandas posturales y de activación que va a encontrar en su actividad deportiva real.
Evaluar con datos si el suelo pélvico está preparado para soportar impactos. Antes de devolver a una paciente a su deporte, puedes usar la EMG para comprobar que la activación en posiciones de carga, como la sentadilla, alcanza los niveles necesarios para protegerla durante el impacto. No como una estimación, sino con datos reales.
Ajustar cargas y progresiones con seguridad. Si la activación en sentadilla todavía no es suficiente, puedes diseñar una progresión que pase por cuadrupedia y plancha antes de introducir posiciones de mayor demanda. Y puedes verificar en cada sesión si la progresión está funcionando.
Preguntas frecuentes
¿La sentadilla es segura para pacientes con disfunción del suelo pélvico? Depende del estado de la musculatura y de la fase del tratamiento. Los datos de activación muestran que la sentadilla genera una demanda alta sobre el suelo pélvico, lo que la convierte en un ejercicio eficaz para el fortalecimiento pero también en un ejercicio que puede resultar excesivo en fases tempranas o cuando la musculatura todavía no tiene capacidad de respuesta suficiente. La EMG te permite valorar exactamente en qué punto está tu paciente antes de introducirla.
¿Por qué el decúbito supino genera tan poca activación del suelo pélvico? En posición tumbada, la gravedad no actúa sobre el suelo pélvico de la misma manera que en carga. La demanda de contención y estabilidad es mínima, por lo que el reclutamiento muscular también lo es. Esto explica por qué los ejercicios en supino son útiles para fases muy iniciales, pero insuficientes para preparar a una deportista para los impactos de su actividad.
¿Qué tipo de EMG se utiliza para valorar el suelo pélvico? En este contexto se utilizan electrodos intracavitarios, que permiten registrar la actividad eléctrica de los músculos del suelo pélvico de forma directa. El sistema mDurance es compatible con este tipo de sondas, lo que permite integrar la valoración del suelo pélvico en el mismo flujo de trabajo que el resto de la evaluación neuromuscular.
¿Puedo usar estos datos en pacientes no deportistas? Sí. Aunque el contexto del estudio se centra en deportistas, los principios biomecánicos son aplicables a cualquier paciente. La relación entre posición, demanda gravitacional y activación del suelo pélvico es independiente del nivel deportivo.
Conclusión
Los datos son claros: la posición en la que colocas a tu paciente durante el ejercicio determina en gran medida la activación que va a conseguir en el suelo pélvico.
La sentadilla lidera el ranking con diferencia, seguida de la plancha y la cuadrupedia. El decúbito supino y la bipedestación estática, en cambio, generan una activación mínima.
Sin electromiografía, esta información queda en el terreno de la teoría. Con EMG, puedes verificarlo en cada paciente, en cada sesión, y ajustar el programa con precisión.
Porque no basta con saber qué ejercicio debería funcionar. Necesitas saber si está funcionando en tu paciente concreto.

